Pymes y cibercomercio

Con la pandemia se empezaron a asentar algunas costumbres que llegaron para quedarse. Calculo que el uso de alcohol para desinfectarse las manos, contar por lo menos 20 segundos al momento de jabonarlas o el guardar debido distanciamiento en establecimientos de masiva concurrencia van a ser prácticas que nos acompañarán por muchos años más. Por su parte, las transacciones comerciales y financieras también han sufrido cambios en la manera en que se realizan y, dado que han ahorrado tiempo y prevenido la inseguridad de quienes las ejecutan, van a continuar vigentes.

Ahora es muy común realizar compras por internet, utilizar aplicativos, redes sociales y billeteras electrónicas para adquirir bienes y servicios. Hoy en día, podemos acudir a un gran centro comercial o pagar un taxi sin usar efectivo, sin ni siquiera ser portador de una tarjeta de crédito o débito.

Gracias a la tecnología se pudo ir reactivando la economía de los restaurantes al inicio de la pandemia, que empezaron por atender por delivery o por aplicativos electrónicos; los mercados y bodegas vecinales utilizaron aplicaciones y transferencias para evitar el efectivo, por temor a trasladar el virus por medio de billetes y monedas. Los establecimientos con tiendas físicas se volcaron a las redes sociales para ofrecer sus productos y los nuevos emprendimientos parten del supuesto en que no abrirán establecimientos físicos. Hasta el propio Estado incentivó estas prácticas en las entregas de bonos.

“Ahora es muy común realizar compras por internet, utilizar aplicativos, redes sociales y billeteras electrónicas para adquirir bienes y servicios”.

Esta nueva realidad, que -les aseguro- no quedará atrás, marca un reto bidireccional para nuestros micro y pequeños empresarios. En primer lugar, adecuar sus dinámicas al comercio electrónico, abriendo redes sociales, apostando por la publicidad electrónica, utilizando billeteras electrónicas, transacciones bancarias y estableciendo un sistema de efectivo de repartos. Serán pocos los negocios que sobrevivan sin esta gama inmensa de posibilidades que nos brinda la tecnología. Preveo que quienes no se adecuen perderán clientes cada vez más acostumbrados a estas prácticas y, con el tiempo, desaparecerán.

El otro reto planteado por el cibercomercio a las micro y pequeñas empresas es el de la seguridad. Así como podría significar un aumento en las ventas, también constituye un riesgo, en vista de que la tecnología facilita la comisión de delitos, sin que se presente un arrebato, hurto, robo o cualquier otro acto de violencia que perjudique la estabilidad económico de la empresa. Se han presentado casos de suplantación, clonación o estafas que se cometen por personas que actúan, incluso, fuera del país. La clave está, en este punto, en que los proveedores y usuarios presten particular cuidado al momento de hacer transacciones y se desistan de concretar el negocio, si advierten cualquier tipo de anomalías.   

En el cibercomercio hay un nicho en el que las micro y pequeñas empresas tendrán que adecuarse. Ya no se trata de una elección o una facilidad prescindible para los clientes, si no de una exigencia que tienen que incorporar a sus modelos de negocio, si pretenden sobrevivir a las normas formas de comercio. Respecto a las autoridades competentes, es notorio que todavía no se han enfocado a promoverlo y que deberán incentivarlo, si el objetivo es acelerar la reactivación económica del país. La mano invisible del mercado y las nuevas costumbres generadas a partir de la pandemia han cambiado para bien la manera de participar del comercio. Acelerarla tendría que ser un objetivo del Estado, con miras a dinamizar la economía y formalizar al país.