Sebis, una historia de lucha constante

El estudiante arequipeño Sebastían Uria Valdivia concursa en la etapa final del II Concurso Nacional de Inventos Escolares que organiza Indecopi con su proyecto “mascarilla nebulizadora” para personas con asma. Su vida no ha sido fácil. Es un verdadero milagro construido por su madre.

Escribe Yorch Huamaní Estrada

Gran parte de la sangre que recorre las venas del estudiante Sebastián Uria Valdivia, de 14 años, es donación de militares del Ejército Peruano. Los soldados le concedieron seis unidades de sangre al escolar cuando nació, ello para que sobreviva, pues los médicos del hospital de Yanahuara le dijeron a su mamá Ángela Valdivia que su retoño no iba a caminar, incluso que podría  morir.

Tras un exitoso parto, los bebés son entregados a su mamá para la primera lactancia, pero eso no sucedió con Ángela, quien también es médico, pues su único hijo fue llevado por sus colegas a una incubadora. Las enfermeras le indicaron que había nacido mal. “Por un momento pensé que había nacido deforme”, cuenta.

Recuerda claramente que se levantó de su cama; pese a que en unos de sus tobillos tenía 18 clavos a raíz de un accidente, no le importó el dolor. Ángela, como toda mamá primeriza, quería ver a su hijo y fue grande su sorpresa al notar que este estaba dentro de una incubadora y conectado con varias vías en todo su cuerpecito.

Los médicos le indicaron que su bebé nació con incompatibilidad sanguínea. Esto sucede cuando la mamá es Rh negativo y el bebé es Rh positivo. Esto provoca que el cuerpo de la mamá reaccione a la sangre del bebé como si fuera una sustancia extraña, creando anticuerpos contra esta, lo cual significaría en un caso extremo la muerte del recién nacido. 

“Tú hijo puede morir”, le dijeron fríamente los médicos. Pero había una solución que consistía en hacerle un cambio de sangre para que “Sebis”, como le dice su mamá de cariño, viva. Para esto, un grupo de soldados del cuartel Salaverry llegó hasta el centro hospitalario para donar sangre. “Ellos estaban bien formados, sin queja alguna fueron evaluados por los médicos y se hizo la transfusión”, recuerda la madre de Sebastián.

Los militares donaron en total seis unidades de sangre, ellos lo hicieron como un deber, pero para la mamá fue un milagro porque permitió que su hijo continuara con vida. El 21 de febrero del 2007, una semana después de que Sebastián llegara al mundo, fue dado de alta. 

Sin embargo, otra noticia que preocupó a la madre de familia es que sus colegas, tras evaluar al recién nacido, revelaron que no caminaría ni movería los brazos para toda su vida. Esto a raíz de problemas neurológicos. La alegría de que Sebastián haya superado la incompatibilidad sanguínea duró poco, pero la valerosa mamá no se rindió y sometió a su pequeño con siete días de nacido a terapias motoras.

“Después del alta lo llevé para la terapia psicomotriz, que consiste en todo lo que es movimiento de cuerpo. Entonces empezamos a hacer ejercicios en los brazos, piernas, de costadito, movimiento de cabeza, etc”, explica.

La mamá cuenta que las constantes terapias tuvieron un efecto positivo y lo diagnosticado por el galeno no se cumplió. El pequeño Sebastián pudo sentarse a los cuatro meses y también mover sus brazos y pies. Ante esto el profesional de la salud quedó sorprendido. 

La alegría le duró un mes, porque durante el chequeo de rutina del quinto mes de nacido, los médicos detectaron otro problema neurológico que estaba relacionado con el habla. Indicaron a la mamá que su hijo no hablaría ni escucharía. Tras esto, Ángela sin dudarlo comenzó a realizarle terapias de lenguaje, y el resultado se vio reflejado cuando “Sebis” en su noveno mes de haber llegado al mundo no dijo mamá, sino “agua”. Pero a la madre de familia no le importaba si decía o no “mamá”, sino que hablara y así sucedió. 

Una tarde, cuando Sebastián tenía más de un año, estaba jugando en su casa, pero de imprevisto se agitó y el color de su rostro comenzó a ponerse morado. No podía respirar y sentía que se ahogaba. Su mamá lo llevó de emergencia al hospital, los médicos le diagnosticaron asma. 

Irónicamente hasta hace más de una década, la Ciudad Blanca era considerada un lugar donde las personas podían curarse del asma. Pero a causa del incremento del parque automotor y la contaminación, esa condición de privilegio para Arequipa ya no es más.  

Por esto, los galenos prohibieron al pequeño “Sebis” iniciar otra batalla, evitar que haga actividad deportiva porque se podría ahogar. Decirle ello a un niño que empieza su vida es dejarlo triste y sin aspiraciones. También le indicaron que debía utilizar inhalador y antihistamínicos para preservar su salud. Pero su madre buscó otras alternativas para curarlo. 

Una vez más la mamá de Sebastián dejó a un lado la tristeza y decepción y comenzó a buscar alternativas naturales para curar la enfermedad de su hijo. Es así que una de sus amigas le comenta que trate a su hijo con “propóleo de abeja” un medicamento natural contra el asma. 

“Le empecé a dar propóleo de abeja durante cinco años y, para qué, fue un santo remedio. Cuando llevo a mi hijo al médico me dice: Ángela qué has hecho, tu pequeño ya no tiene asma, sus pulmones están bien”, recuerda aliviada por superar otro obstáculo en su vida.

Cuando Sebis estaba en sexto grado no atendía bien las clases, por esto la maestra llamó a su mamá y le dijo “Sebastián no me escucha en las clases”. Otro nuevo reto. Ante ello, lo llevó a someterse a exámenes clínicos y estos revelaron que tenía hipoacusia aguda en ambos oídos, es decir, este diagnóstico no le permitía escuchar con claridad.

Para ello, había dos soluciones: la primera que el pequeño Sebis sea sometido a una intervención quirúrgica, lo cual implicaba un gasto inmenso de dinero; la segunda alternativa, y por la que se decidió, fue comprar un audífono para el oído derecho que lo acompaña hasta ahora y ahora puede oír muy bien. 

“Ha sido una lucha constante, lo único que me hizo seguir fue tener fe en Dios porque desde que nació mi hijito ha sido una serie de retos. Y sin tener apoyo de mi familia y expareja, Sebastián y yo hemos salido adelante”, dice aliviada y orgullosa al ver a su hijo hecho un hombre.

Sebastián es un adolescente cuya mirada refleja compañerismo, sensibilidad y sobre todo un espíritu de lucha. Y no es para menos, pues en su cuerpo corre sangre de militares y su alma es la de un guerrero. Seguro heredado de su mamá.

Actualmente Sebastían cursa el tercer año de secundaria en el colegio Talent School y su nombre se hizo conocido porque es uno de los finalistas del II Concurso Nacional de Inventos Escolares organizado por el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi). 

El estudiante es el único a nivel regional que pasó a las finales con su proyecto “Mascarilla nebulizadora portátil”. Esto inspirado en las personas que tienen asma y que, a causa de la emergencia del nuevo coronavirus y el uso de las mascarillas, les es imposible respirar con normalidad. 

INGENIO HECHO REALIDAD

El menor detalla que cogió una mascarilla de tela, esas que tienen filtros, luego tapó uno de los filtros y el orificio restante lo adaptó para que pueda entrar un pequeño nebulizador con su manguerita. Pues al interior del frasco hay una solución de eucalipto.

“Lo que permite esto es que la persona con asma que quiera salir pueda respirar con tranquilidad y sin riesgos. Porque yo sé cuándo una persona con asma se ahoga. Lo que queremos es que, si se ahoga una persona, entonces con la mascarilla nebulizadora podrá salvarse hasta que sea auxiliado”, explica Sebastián. 

El concurso culminará el 17 de noviembre y el ganador se decidirá a través de los “likes” que tenga el video. La mamá confiesa que quedó sorprendida luego que el proyecto de su hijo pase a las finales del certamen.

“Me sentiré realizada cuando entregue a mi hijo a una mujer que lo ame y cuando se case. Entonces ahí diré: cumplí como madre”, dice al borde de las lágrimas, mientras Sebastián intenta hacerse el fuerte, pero los sentimientos lo traicionan y sobre su rostro recorre una lágrima y promete: “Algún día agradeceré a mi mamá por todo lo que ha hecho por mí, porque hemos pasado muchos momentos difíciles”.