Sonido Misti: De música, fútbol, afición, subjetividad y otros binomios

En tanto la música consiste en un sistema organizado de sonidos que hace manifiesta y transmite la intención de su creador. El fútbol apenas consiste en una disciplina con una serie de reglas que tiene un objetivo (anotar goles).

Escribe: Víctor Miranda Ormachea

Hay una vieja discusión que sostenemos periódicamente con un viejo amigo, ambos somos apasionados melómanos, pero él, además es un incurable aficionado al fútbol, en cambio yo, padezco una abierta y manifiesta aversión al denominado deporte rey.

La contraposición se suscita en el argumento que sostiene mi colega, refiriendo que el fútbol también es un arte, a lo cual yo respondo que simplemente es una disciplina deportiva, él defiende su postura trayendo a colación a elementos que confluyen en ambos fenómenos culturales,  tanto el fútbol como la música congregan a público, ingentes masas de individuos entusiasmados y enardecidos por quienes consideran sus héroes, ambos conllevan detrás a mordaces críticos que evalúan y transcriben el contenido de las piruetas y maromas que proveen músicos y futbolistas, ambas poseen individualidades que son adorados como dioses terrenos, mismos que son dueños de impensables fortunas y se convierten en seres de importante relevancia para la sociedad, ambas categorías requieren de disciplina, práctica y constancia para lograr  destreza y habilidad, ambas encierran metodologías, técnica en la ejecución, manipulación de elementos y cierto efectismo que repercute en el público, finalmente, ambos consisten en ser un espectáculo, un show, un entretenimiento también, por supuesto, y, claro, una inconsciente evasión de la realidad.

Mi réplica, por otro lado, apunta a que estos parecidos terminan siendo superficiales e irrelevantes al momento de calificar de arte a cualquiera de los dos protagonistas de la discusión; desde un punto de vista que pretende ser objetivo, congruente y prácticamente unánime en su definición, el arte termina siendo una forma de expresión, casi un lenguaje, y allí el fútbol no tiene asidero de defensa. En tanto la música consiste en un sistema organizado de sonidos que hace manifiesta y transmite la intención de su creador. El fútbol apenas consiste en una disciplina con una serie de reglas que tiene un objetivo (anotar goles). Pero que, a desdén de lo hábil que pueda ser un jugador, adolece del elemento comunicativo, no implicando en absoluto que un movimiento, una jugada, una patada o dribleada, una marcación o lo que fuere, contengan una intención comunicativa del futbolista, si bien puede detectarse la estética de ciertos procedimientos técnicos (tal como en la habilidad ejecutoria de un músico instrumentista) la destreza futbolística está vacía de contenido autoral, el jugador no está manifestando una idea, pensamiento o sentimiento (a diferencia del artista), simplemente está jugando, y es que el fútbol al final, y sin ánimo de desmerecerlo como parámetro cultural, simplemente es un juego.

La música, se ha originado prácticamente con la aparición del ser humano (sino antes con especies homínidas ancestros nuestros) y ha tenido un carácter multidimensional para los agrupamientos, tribus, comunidades, ciudades y civilizaciones; ha pasado de ser un divertimento sonoro a ser un elemento religioso, una afición emocional, una acompañamiento narrativo de actividades cotidianas, un incentivo sónico de auspicio al valor marcial, un contenedor de sucesos históricos de los pueblos, un pródigo sistema estético que ha dado lugar a la creación de obras prodigiosas, no sólo por su complejidad, sino por su capacidad de cautivar mental y emocionalmente a la audiencia, una subjetiva, de hecho la más subjetiva, manifestación humana que se encuentra íntimamente ligada a las matemáticas y que (aún de forma inexplicable) constituye una necesidad y, como no, una forma de entretenimiento.

La música, conforme a lo dicho, se torna en un lenguaje, posee un sistema de escritura incluso, y en cada composición lleva consigo el mensaje del creador musical, es tan permisiva que incluso los profanos pueden expresarse libremente con la sonoridad, pues no hace falta ser un experimentado músico para llevar adelante alguna composición o (más comúnmente) una interpretación de alguna melodía ya existente, curiosamente otra facultad de la música es tener un significado particular para cada individuo, dado que suele asociarse a diversos momentos de la vida de los mismos, convirtiéndose en recuerdo a evocar en tanto vuelva a sonar una misma melodía.

También se puede decir de la música que ejercita al cerebro humano, pues se ha demostrado fehacientemente que las memorias musicales son las últimas en desaparecer en las personas que padecen Alzheimer, asimismo, ha quedado sentado en la comunidad científica, el claro beneficio cognitivo que provee aprender a tocar instrumentos, en especial a los niños, pues les dota de formas de pensamiento abstracto que, a su vez, revertirá en el aprendizaje de otras áreas de conocimiento.

Finalmente, cabe decir que la música no se ha limitado a una serie de reglas (como sucede en los deportes en general) sino que ha sabido expandirse de forma casi inconmensurable a lo largo y ancho del planeta, implantandose de formas particularísimas en cada zona geográfica e incluso volviéndose en el primer elemento transculturizador en los encuentros de civilizaciones, dada la versatilidad para fusionar incluso la música más diferente, práctica que sigue siendo llevada a cabo hasta nuestros días incansablemente y por lo cual periódicamente tenemos noticias de géneros nuevos.

Por todo ello, la música sale airosa por mucho de esta lid contra el fútbol, que si bien es un fenómeno popular inconmensurable (y a mi perspectiva inexplicable) no deja de ser simple y llanamente una manifestación cultural deportiva, una disciplina cuyo objeto es ejercitar y que ha sabido aprovechar a lo largo del tiempo, su magnetismo y capacidad de cautivar a la gente, para convertirse en una industria multinacional de proporciones bíblicas; nada hay de malo en ser un fan futbolero, el error está en querer creer que dicho deporte puede llegar a ser tan sublime como un arte, menos aún que como la música. Dicho esto, creo que firmaré este artículo con un seudónimo,  dados los ímpetus de los hinchas futboleros.